sábado, 8 de mayo de 2010

¿Emprendimiento, factor clave para Chile?

Hoy más que nunca el emprendedor chileno se encuentra en una etapa critica. Esta claro que el emprendimiento se relaciona directamente con el desarrollo económico de un país, por el rol que ejecuta el espíritu emprendedor en la innovación, competividad y productividad. Pero a pesar de todo, el emprendimiento debe venir acompañado de un ambiente propicio por parte del estado y en este punto es donde Chile se limita. Sin una buena implementación no podemos competir en las grandes ligas de la economía ¿Es fácil emprender para un chileno, en especial los jóvenes? Esta elemental pregunta tratara de ser respondida a continuación.
La época dorada de la economía chilena se acabo años, con tazas de crecimiento sostenido increíbles. Pero a pesar de un lento crecimiento económico y esfuerzo del gobierno y privados en los últimos años, el emprendimiento esta estancado en Chile, encontrándose en niveles inferiores a los del año 2003. Este estancamiento se produjo pese a los esfuerzos del gobierno para impulsarlo, y pese a la mayor cantidad de oportunidades producto del desarrollo económico y los tratados de libre comercio suscritos por Chile. Es un signo desalentador el hecho que también haya disminuido el emprendimiento por oportunidad, que es el relacionado con el desarrollo económico, y que es el que típicamente se encuentra en países más desarrollados como Nueva Zelanda o Estados Unidos. Lo único destacable es que ha disminuido el nivel de emprendimiento por necesidad, que es aquel vinculado a las personas que se ven obligadas a emprender por no tener otras opciones. A mi parecer, la barrera más importante es la siempre discutida y mal evaluada educación, ya que no promueve la iniciativa personal ni la creatividad para generar proyectos y ejercitar el emprendimiento. Luego los programas del gobierno que no se focalizan en promover investigación y desarrollo. Otro factor a considerar es que no existen formas mecanismos de financiamiento adecuados.
Pero el problema no es sólo de recursos. El gasto actual en I&D de nuestra economía es sesgado hacia las ciencias básicas y financiado mayoritariamente por fondos públicos. Actualmente cerca del 80% lo financian el sector público y las universidades. Y más de la mitad se destina a la investigación en ciencias básicas, que tiene menor impacto sobre el crecimiento en comparación con la investigación aplicada.
Los países exitosos en innovación no sólo gastan más, sino que lo hacen mayoritariamente en investigación aplicada y financiado en gran parte por el sector privado. A modo de ejemplo, en Estados Unidos cerca del 90% del gasto en I&D lo financia el sector privado y casi un 80% se destina a investigación aplicada.
El Estado chileno está disponible, al parecer, para hacer un esfuerzo financiero en innovación. Estas fueron palabras de la presidenta Michelle Bachelet en su discurso de inicio en el 2006, cuando menciono al emprendimiento como eje central de su propuesta de gobierno. Pero poco se va a sacar con ese gasto si la materia prima de la innovación en Chile es casi inexistente, y la poca que hay, envejece en forma constante.
Un joven emprendedor, se las tiene que ver con barreras de entrada y de salida estrepitosas. Para que hablar del sistema bancario que lo primero que le pide son sus tres primeros balances auditados y las ventas de cinco. Para un crédito hipotecario, un contrato de trabajo y sus liquidaciones de sueldos y de impuestos: Todas “pedidas” imposibles de realizar por un empresario novato. Y si ocurre una quiebra, el empresario queda convertido en una perdida económica, empresarial y social. El fracaso es una de las reglas del difícil juego del emprendimiento.
¿Cómo vamos a tener jóvenes innovadores, cuando estudiantes quieren hacer desaparecer el lucro? ¿Cómo se van a formar emprendedores, cuando sus profesores odian el concepto empresarial? En resumen, el sistema poco competitivo de muchas de nuestras áreas de negocios hace muy lejana la visión del éxito para la juventud chilena.
¿Qué podemos hacer? Es necesario que se creen los incentivos para que estos emprendimientos se orienten a la generación de innovaciones y creación de nuevas industrias, sentando las bases para un mayor desarrollo económico y para superar estas barreras hace falta un mayor compromiso y coordinación entre el gobierno y los privados. Se requiere convencimiento y audacia por parte de nuestras autoridades para lograr convertir a Chile en un país innovador. De no ser así, no habrá mayores novedades en el diagnóstico de nuestra competitividad durante los próximos años.

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